Saltar al contenido

Seere

Trazabilidad de perecederos2026-06-196 min de lectura

La cadena de frío que se vigila sola: sensores, alertas y evidencia en cada tramo

La cadena de frío que se vigila sola: sensores, alertas y evidencia en cada tramo

La cadena de frío tiene una trampa: cuando se rompe, casi nunca se nota en el momento. El camión llega, la mercadería se ve bien, se firma el remito. El problema aparece días después, con producto que se echa a perder antes de tiempo, reclamos del comprador y una pregunta sin respuesta: ¿en qué tramo se cortó el frío? Sin un registro continuo, esa pregunta no tiene cómo contestarse.

Lo que se pierde cuando el frío falla

El número global cuesta ignorarlo. Según el informe de la FAO y el PNUMA Sustainable Food Cold Chains, la falta de refrigeración adecuada hace que cada año se pierdan unas 526 millones de toneladas de alimentos —cerca del 12% de la producción mundial—. El mismo informe estima que en 2017 menos de la mitad de los alimentos que necesitaban frío en el mundo realmente lo tuvieron. No es un problema de cosechar de más: es comida que se produjo y nunca llegó al plato porque, en algún punto entre la planta y la góndola, la temperatura se fue de rango.

En Argentina la foto local acompaña. La estimación oficial del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca calculó que se pierden y desperdician unos 16 millones de toneladas de alimentos por año, equivalentes a cerca del 12,5% de la producción agroalimentaria nacional. De ese total, la enorme mayoría —del orden de 14,5 millones de toneladas— se va como pérdida en las etapas de producción, almacenamiento, transporte y procesamiento, antes de llegar siquiera a la góndola. En frutas y hortalizas el cuadro es todavía más duro. Buena parte de esa merma es, en el fondo, frío que no se sostuvo.

Para una operación concreta, el costo de un desvío de frío no es abstracto. Un solo viaje de congelados o lácteos que se calienta unas horas puede significar un camión entero rechazado, producto que hay que destruir, un cliente perdido y, si la mercadería igual llegó a circular, un riesgo sanitario que nadie quiere firmar. El daño no es solo la plata del flete: es la confianza de quien recibe.

Por qué el termógrafo de papel ya no alcanza

La normativa argentina hace rato que pide registrar la temperatura en el transporte de perecederos. El Código Alimentario Argentino exige que los transportes de alimentos perecederos lleven termógrafos de control y registro de temperaturas para verificar la cadena de frío de origen a destino cuando el recorrido supera los 70 km, y dispone que esos termógrafos salgan precintados desde el origen para que la autoridad sanitaria pueda controlarlos. El SENASA, por su parte, clasifica y habilita los vehículos según su aislamiento y su equipo de frío: desde la caja isotérmica con equipo mecánico hasta el furgón cerrado sin frío activo. El espíritu es claro: el frío hay que poder demostrarlo, no solo prometerlo.

El problema es el cómo. El termógrafo clásico imprime una tira de papel que alguien revisa —con suerte— al final del viaje, cuando el desvío ya pasó y el producto ya se dañó. Es un testigo, no una alarma. Avisa después, no antes. Y cuando hay que auditar, esa tira es fácil de extraviar, de manipular o de leer mal. Cumple la letra de la norma, pero no evita el problema que la norma quiere evitar.

El frío que no se mide en tiempo real no se gestiona: solo se lamenta cuando ya es tarde.

Vigilancia continua: sensores, alertas y geofencing

La diferencia entre registrar y vigilar es el tiempo. Sensores IoT de temperatura y humedad dentro de la cámara y dentro del camión miden de forma continua y reportan al instante. Cuando el valor se acerca al borde del rango permitido, el sistema no espera al final del viaje: dispara una alerta al chofer, al despachante y al responsable de calidad por el canal que haga falta. La ventana para reaccionar —cerrar una puerta, derivar el camión, llamar al taller— se abre cuando todavía sirve.

A eso se suman dos señales que importan tanto como el termómetro. La apertura de puertas fuera de los puntos previstos suele ser la causa real de muchos desvíos —cada minuto con la puerta abierta en un día de verano mete aire caliente en una cámara que tardará en recuperar el rango—, y un sensor de apertura la detecta al toque. Y el geofencing —cercas virtuales sobre el mapa— avisa si el camión se desvía del corredor, hace una parada no autorizada o demora más de la cuenta entre dos entregas. En el reparto de perecederos, cada minuto de más con las puertas abiertas o el equipo de frío apagado es producto que se va calentando.

Producto congelado apilado en contenedores metálicos dentro de una cámara de frío.
El frío sostenido es lo que protege a la mercadería en cámara y en tránsito: medirlo de forma continua permite ver el desvío cuando todavía hay margen para actuar, no en la autopsia.

De la alerta a la evidencia que se puede auditar

Vigilar en tiempo real resuelve el presente; la evidencia automática resuelve el después. Cada lectura queda registrada con su marca de tiempo y su ubicación, y se conserva sin depender de que alguien guarde una tira de papel. Cuando un comprador, un organismo o el propio equipo de calidad pregunta qué pasó con tal carga, la respuesta es un historial completo: a qué temperatura viajó, cuándo y dónde se abrieron las puertas, por qué corredor anduvo. La auditoría deja de ser una reconstrucción de memoria y pasa a ser una consulta.

Ese registro también cambia las conversaciones difíciles. Si un desvío ocurrió de verdad, queda documentado y se puede actuar con honestidad sobre el producto afectado, sin arrastrar lo que sí viajó bien. Y si el frío se sostuvo, hay con qué defenderlo frente a un reclamo. La evidencia no solo protege la mercadería: protege a quien hizo las cosas bien.

Cómo lo pensamos en Seere

Para nosotros la cadena de frío no es un sensor suelto: es un circuito de medir, avisar y decidir. Integramos los sensores de temperatura, humedad y apertura de cámaras y camiones con la posición de la flota, de modo que el dato físico y el dato logístico viven en el mismo lugar. La temperatura no se mira aparte del mapa: se mira sobre el viaje, sobre la entrega, sobre el tramo concreto donde algo se desvió.

Sobre esa base, las reglas de alerta y el geofencing las define la operación, no nosotros: cada rubro sabe cuál es su rango crítico y cuáles sus puntos sensibles. La tecnología detecta el desvío y lo pone enfrente con tiempo; la decisión —derivar el camión, frenar una entrega, dar de baja una carga— sigue siendo de la persona que conoce el producto y el cliente. El sistema vigila solo para que el equipo humano decida mejor, y deja la evidencia para que esa decisión se pueda explicar y auditar después.

Fuentes

Seguí leyendo

Términos y CondicionesCompliance