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Seere

Regulación · Trazabilidad2026-06-197 min de lectura

Gripe aviar 2026: la trazabilidad lote-a-lote es lo que sostiene el acceso a mercados

Gripe aviar 2026: la trazabilidad lote-a-lote es lo que sostiene el acceso a mercados

Cuando aparece un brote de influenza aviar altamente patógena, lo primero que se cierra no es la granja afectada: es el mercado de exportación. La detección de un solo caso en un establecimiento comercial puede suspender de un día para el otro los envíos a los destinos que exigen estatus de país libre. Lo que decide si esa puerta se cierra del todo o queda abierta para las zonas sanas no es la suerte —es la capacidad de demostrar, lote por lote y con evidencia, qué se afectó y qué no—.

Lo que pasó en este ciclo, con fechas

No es un escenario hipotético: es el calendario de los últimos meses. El 20 de agosto de 2025, el SENASA confirmó un caso de IAAP H5 en una granja de gallinas ponedoras de Los Toldos (Buenos Aires) y suspendió las exportaciones de productos aviares hacia los mercados que exigen estatus libre —Unión Europea, China, Sudáfrica, Chile, Brasil y Reino Unido, entre otros—. China había reabierto recién el 17 de marzo de 2025, tras dos años de cierre por el brote de 2023; en aquel entonces ese mercado llegó a concentrar cerca del 45% de las exportaciones del sector. Volvió a frenar la entrada apenas cinco meses después de reabrir.

El ciclo no terminó ahí. La Argentina recuperó el estatus hacia fines de octubre de 2025, pero a fines de febrero de 2026 un nuevo brote reabrió la rueda, con cuatro focos en establecimientos comerciales: Ranchos, Lobos y Bolívar (Buenos Aires) y Alejo Ledesma (Córdoba). El cierre llegó a fines de abril de 2026: tras más de 28 días sin nuevos casos desde la finalización de las tareas sanitarias —despoblamiento, disposición final, limpieza y desinfección de los predios afectados—, el SENASA elevó a la OMSA su informe de autodeclaración como país libre de IAAP, sustentado en el Artículo 10.4.6 del Código Sanitario para los Animales Terrestres. El patrón se repite: detección, suspensión, despoblamiento y desinfección, 28 días de silencio epidemiológico, autodeclaración, negociación para reabrir mercados. Cada vuelta de esa rueda cuesta semanas de exportación y meses de renegociación destino por destino.

Por qué la zonificación es la diferencia entre cerrar todo y cerrar un radio

La herramienta que evita que un foco apague toda la cadena exportadora se llama zonificación —y su prima, la compartimentación—. En lugar de tratar al país entero como una única unidad sanitaria, permite delimitar una zona de control alrededor del foco y seguir certificando como libre todo lo que está fuera de ese perímetro. En el episodio de Los Toldos, el SENASA estableció una zona de control sanitario de 3 km con restricción de movimientos y bioseguridad reforzada, más una zona de vigilancia de 7 km con monitoreo y rastreo. La autoridad fue explícita: la suspensión alcanzaba a los socios que exigen estatus de país libre, pero no a los destinos que reconocen el enfoque de zonas o compartimentos libres. Con ese criterio, el Gobierno estimó que podía sostener abierto en torno al 60% de los mercados incluso con el virus circulando.

La zonificación no es un permiso: es una afirmación que hay que poder probar. Decir que un lote viene de fuera de la zona de control solo vale si podés mostrar de dónde salió, cuándo y por dónde pasó.

Y ahí está el punto que se suele pasar por alto. La zonificación solo funciona si la trazabilidad la respalda. Afirmar ante una autoridad sanitaria importadora que un contenedor proviene de un establecimiento ubicado fuera del radio afectado, faenado antes de la fecha de corte, es una declaración que tiene que estar documentada de punta a punta. Sin esa cadena de evidencia, la zona libre es un argumento de palabra —y ninguna aduana sanitaria abre la puerta a un argumento de palabra cuando hay un virus de por medio—.

Qué exige el control sanitario, en concreto

El control oficial sobre la cadena avícola no es una inspección puntual: es un sistema continuo. El SENASA mantiene la inspección higiénico-sanitaria en plantas frigoríficas, exige número de establecimiento habilitado y certifica contenedor por contenedor para exportación. La trazabilidad avícola que el organismo viene impulsando busca un sistema estándar a lo largo de toda la cadena —de la granja a la góndola— como herramienta de inocuidad y, sobre todo, para habilitar retiros de mercado (recalls) quirúrgicos cuando algo aparece.

En un evento de IAAP, ese sistema tiene que responder preguntas duras y rápido: ¿qué lotes salieron de la zona de control en los días previos a la detección? ¿A qué plantas de faena fueron? ¿Qué contenedores ya certificados contienen producto de esos lotes? ¿Qué partidas hay que retener y cuáles se pueden liberar? La diferencia entre responder eso en horas con datos firmados y responder en días reconstruyendo planillas es, literalmente, la diferencia entre un retiro acotado y una suspensión total mientras la autoridad espera que le demuestres lo que decís.

Aves en una etapa de cría dentro de una operación avícola comercial.
La unidad de defensa no es la granja entera: es el lote, con su origen, su fecha y su recorrido documentados.

La trazabilidad es la defensa del acceso a mercados

Conviene invertir el orden con que se suele pensar la trazabilidad. No es un costo de cumplimiento que se tolera para poder exportar: es el activo que sostiene el acceso al mercado cuando aparece el problema. El valor de un sistema de trazabilidad lote-a-lote no se cobra en el día tranquilo —se cobra el día del brote, cuando un dato confiable y verificable acota la zona afectada en vez de arrastrar a toda la operación—. Es un seguro cuya prima es la disciplina de registrar bien todos los días.

Las cifras de exposición ayudan a dimensionar la apuesta. En 2024 la Argentina exportó alrededor de 186 mil toneladas de carne aviar por unos 222 millones de dólares, con destinos como Sudáfrica, Vietnam, Angola, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Hong Kong concentrando buena parte del volumen; en ovoproductos, Chile pesó cerca del 15% de lo exportado. Cada uno de esos destinos puede cerrar con un solo foco si no se puede demostrar la zonificación. La evidencia trazable no es burocracia: es lo que mantiene esas toneladas en movimiento.

El estándar que importa, entonces, no es "tenemos registros". Es: cualquier lote es auditable hacia atrás —origen, fecha, recorrido, controles— y hacia adelante —a qué contenedor y a qué destino fue—, con datos que la autoridad pueda verificar sin tener que confiar en nuestra palabra. Esa es la trazabilidad que defiende un mercado, y se distingue de la que solo cumple un formulario en una sola prueba: ¿aguanta una auditoría no avisada?

Cómo lo pensamos en Seere

En Seere arrancamos por la unidad que decide todo: el lote. Cada lote arranca con una identidad única y va acumulando eventos —movimientos entre establecimientos, controles, faena, certificación, despacho— como registros sellados en el tiempo, no como filas editables en una planilla. La granja deja de ser una caja negra: pasa a ser una secuencia de hechos con fecha, lugar y responsable, lista para reconstruir el recorrido de cualquier partida hacia atrás y hacia adelante.

Sobre esa base montamos la geografía sanitaria. Cuando se delimita una zona de control, el sistema ya sabe qué establecimientos quedan dentro del radio y cuáles fuera, y puede separar en minutos los lotes afectados de los que conservan estatus libre. La consulta que normalmente cuesta días —"¿qué salió de este radio en estas fechas y dónde está ahora?"— se vuelve una pregunta que el dato responde solo. Eso es lo que convierte la zonificación de un argumento en una prueba.

Y cerramos por donde se juega el acceso: la auditoría. La evidencia se guarda pensada para que la mire alguien de afuera —firmada, fechada, sin huecos ni ediciones silenciosas—, de modo que demostrar trazabilidad ante el SENASA o ante una autoridad importadora sea exportar un expediente, no improvisar una defensa. No vendemos un certificado: dejamos la cadena avícola en condición de probar, en cualquier momento y sin aviso, qué se afectó y qué no. Esa capacidad de prueba es, hoy, la diferencia entre perder un mercado por un foco y conservarlo por una zona.

Fuentes

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