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Seere

Última milla2026-06-195 min de lectura

La última milla con IA: por qué el ruteo manual deja plata en la calle

La última milla con IA: por qué el ruteo manual deja plata en la calle

Hay una parte del reparto que casi nadie ve y que, sin embargo, define la rentabilidad del día: el último tramo, el que va del centro de distribución a la puerta del cliente. Es el más caro, el más impredecible y, en muchas operaciones, el que todavía se planifica a mano sobre un mapa impreso o una planilla. Ahí, en el orden de las paradas, es donde se gana o se pierde plata todos los días.

La última milla es donde se va el costo

No es una impresión: en distribución urbana y comercio electrónico, el tramo de última milla suele concentrar una porción muy alta del costo logístico total de un envío, que distintos análisis del sector ubican cerca de la mitad. Es el tramo con más paradas, más variabilidad y menos economías de escala: un camión que sale lleno termina haciendo decenas de entregas chicas, cada una con su dirección, su ventana horaria y su persona que tiene que estar para recibir. A diferencia del transporte de larga distancia, acá no hay forma de "llenar el camión" para diluir el costo: la ineficiencia no se reparte, se multiplica por cantidad de paradas.

Y el contexto argentino no perdona los kilómetros de más. El Índice de Costos Logísticos que elabora el C3T de la UTN para CEDOL subió 2,44% en abril de 2026 y acumula 17,57% en lo que va del año, con combustibles, peajes y costos de personal entre los rubros que más empujan. El segmento específico de distribución urbana viene en la misma línea: con acompañante acumula 16,70% y sin acompañante 15,80% en cuatro meses. En paralelo, el gasoil viene de fuertes subas arrastradas por el precio del crudo, que tensiona toda la cadena. Cada vuelta innecesaria a la manzana se paga, y se paga más caro que el año pasado.

Por qué el ruteo manual deja plata en la calle

Ordenar una hoja de ruta parece simple hasta que se la mira de cerca. Decidir en qué orden visitar veinte clientes respetando las ventanas horarias de cada uno, la capacidad del vehículo, los tiempos de descarga y el tránsito es un problema que la teoría conoce bien: el problema de ruteo de vehículos con ventanas horarias (VRPTW). Es NP-difícil; en criollo, la cantidad de combinaciones posibles crece de forma explosiva con cada parada que se agrega, tan rápido que ni la persona más experta de la operación puede recorrerlas todas en la cabeza. El planificador humano llega a una solución razonable, casi nunca a la mejor.

El costo de esa diferencia es invisible porque nunca aparece en un ticket. Nadie factura "la ruta que no tomamos". Pero está ahí: en el camión que cruza la ciudad dos veces porque dos clientes vecinos quedaron en mitades distintas de la planilla, en la entrega que llegó fuera de ventana y hay que reprogramar, en la hora extra del repartidor que terminó más tarde de lo necesario. Los proveedores de optimización de rutas en distribución reportan ahorros típicos del orden del 15% al 25% de los kilómetros recorridos, con caídas equivalentes en horas de manejo y consumo de combustible. Eso no es marginal: es margen.

Cómo se arma una hoja de ruta que de verdad baja kilómetros

Una buena planificación no es solo "ordenar por cercanía": el cliente más cerca en línea recta puede quedar del otro lado de un río, de una avenida cortada o de una ventana horaria que todavía no abrió. Tiene que combinar varias restricciones a la vez: las ventanas en las que cada cliente puede recibir, la capacidad y el tipo de vehículo, los tiempos de servicio en cada parada, las zonas con acceso difícil y hasta las preferencias de quien recibe. Un motor de optimización evalúa millones de combinaciones y propone la secuencia que minimiza la distancia total cumpliendo todas esas reglas. Lo que a una persona le lleva una mañana, el motor lo resuelve en segundos, y suele encontrar rutas que el ojo humano no ve.

El kilómetro más barato es el que no se recorre. La ruta óptima no se adivina: se calcula.
Mano sosteniendo un teléfono que muestra una ruta trazada sobre un mapa de navegación, en el medio de un camino
La misma jornada se puede recorrer de muchas formas; la ruta que llega al teléfono del repartidor es la secuencia que el motor calculó para gastar menos kilómetros y horas.

Un copiloto para el despacho y para el repartidor

Optimizar no es solo un cálculo: es una conversación con la realidad del día. Por eso la pieza que más cambia la operación no es el mapa, sino el copiloto. Para quien despacha, significa armar la hoja de ruta en minutos, ver el impacto de mover una parada antes de confirmarla y responder a un imprevisto —un pedido urgente, un vehículo fuera de servicio, un cliente que cambió el horario— sin rehacer todo a mano. Para quien reparte, significa una secuencia clara en el teléfono, la próxima parada siempre a la vista y la posibilidad de avisar una novedad sin llamar a la base.

Ese ida y vuelta es lo que convierte la optimización en algo que se usa de verdad. Una ruta perfecta que el repartidor no entiende, o que el despacho no puede ajustar sobre la marcha, termina ignorada en la primera complicación: alguien la "corrige" a ojo y se pierde todo el ahorro. La tecnología útil es la que asiste a la persona que toma la decisión y le explica por qué propone lo que propone, no la que la reemplaza por un número que nadie sabe de dónde salió.

Cómo lo pensamos en Seere

En Seere abordamos el ruteo como lo que es: un problema de decisiones bajo restricciones, no una línea recta entre puntos. Nuestro AI Copilot toma las paradas del día, las ventanas horarias, la carga y la capacidad de cada vehículo, y propone una hoja de ruta que baja kilómetros y combustible respetando lo que cada cliente necesita. El despacho ve el plan, lo entiende y puede ajustarlo; el repartidor lo recibe en el teléfono, paso a paso, con la próxima parada siempre clara.

Y lo hacemos sin pedirte que tires lo que ya tenés. El copiloto se integra al sistema con el que la empresa ya trabaja —pedidos, clientes, stock— para no duplicar datos ni sumar otra pantalla más. Sumamos la trazabilidad de cámaras, trackers y sensores para que la hoja de ruta no termine cuando sale el camión, sino que se siga en vivo: dónde está cada vehículo, qué entregó y qué quedó pendiente. La idea es simple: que cada kilómetro que se recorre sea un kilómetro que valía la pena recorrer.

Fuentes

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